El tacto de las nubes no es una novela.
Es un libro de escenas.
De cuerpos.
De días que pasan sin pedir explicación.
Acompaña un cuerpo en su rutina:
el agua, el trabajo, el deseo, la espera, la familia, el cansancio, la piel.
No hay moraleja.
No hay aprendizaje forzado.
Solo presencia.
Un libro para leer despacio,
como quien se sienta junto al mar
y deja que el tiempo haga lo suyo.