Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (1775-1854) dedicó su carrera filosófica a tratar de concretar el sistema del Absoluto, pero lo hizo siendo plenamente consciente de que el Absoluto no es, en última instancia, un sistema lógico, sino una realidad viva. En consecuencia, para Schelling, 'la vida es el criterio de la verdad'. Aunque sus críticos a menudo tachaban su pensamiento de fragmentario y proteico, C. S. Peirce, en una carta a William James, señaló que lo que más admiraba de Schelling era precisamente su 'libertad frente a las ataduras del sistema' y su disposición a abordar las ideas filosóficas de forma experimental en lugar de dogmática: 'En eso, es como un hombre de ciencia'. Este libro, escrito en el contexto de un resurgimiento del interés por la obra de Schelling, así como en medio de una emergencia ecológica planetaria y una crisis geopolítica, se nutre de la profunda fuente de su pensamiento con la esperanza de que pueda ayudar al intento de la civilización humana de reinventarse a sí misma. La filosofía de Schelling proporciona muchos de los recursos antropológicos, teológicos y cosmológicos necesarios para dar lugar a una forma alternativa de modernidad que ya no se dedique a la destrucción de la Tierra y a la desintegración de las comunidades humanas.